Dentro de nuestras funciones como terapeutas ocupacionales del sistema educativo está la valoración de la destreza manual de los estudiantes con necesidades educativas especiales. Para ello utilizamos distintas herramientas de evaluación y la observación del estudiante realizando las tareas escolares.
En muchas ocasiones, y dado el volumen de trabajo que tenemos, la intervención se realiza a través de orientaciones que damos a los profesores que trabajan con estos alumnos.
A veces, nos piden que valoremos la motricidad fina en estudiantes mayores en los que los patrones de movimiento ya están establecidos y que tienen algunos hábitos adquiridos que son difíciles de modificar.

Cuando nos planteamos la intervención o abordaje desde terapia ocupacional, al acudir al centro a hablar con los profesores, en la entrevista  previa a la valoración del alumno, me gusta preguntar, ¿a que te refieres al decir que el estudiante tiene problemas de motricidad fina?, ¿con que tipo de actividades tiene dificultades?. Hoy en día es muy fácil encontrar referencias en internet acerca de las dificultades de motricidad fina con muchas actividades y juegos para hacer en el aula y en casa, pero, cuando los alumnos tienen cierta edad, ¿hasta que punto es productivo o significativo estar realizando actividades con gomets, tableros de clavijas, ensartado, etc?

En estos casos, me parece interesante usar enfoques de arriba-abajo, es decir, intentar mejorar el desempeño en la tarea con la que el estudiante tiene problemas y no trabajando los componentes. Si la profesora me ha comentado que tiene dificultades para abrir un sobre de comida, echar la pasta en el cepillo de dientes, teclear con precisión,… se pueden utilizar estrategias como el Videomodelado o enfoques como el Cognitive Orientation to Occupational Performance (CO_OP), entre otros.
De esta manera, utilizando el análisis de tareas, podemos plantear objetivos de trabajo más concretos y  establecer tiempos para la supervisión y revisión de la tarea a mejorar.

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